viernes, 21 de octubre de 2011

¿Un café?


Me flipan las tiendas Nespresso. Desde que hay una en mi ciudad tomo más café que nunca, por el mero placer de ir a comprarlo.
Las tiendas Nespresso son el Tiffany's de los mileuristas. Hoy no he podido evitar recordar a la maravillosa Audry Hepburn hablando de la famosa joyería, explicando cómo le calma ese silencio, esa atmósfera tan arrogante "en un sitio así no podría ocurrirte nada malo". Nada malo puede ocurrirte en una tienda Nespresso. Esas capsulitas de colores brillantes perfectamente colocadas, esas cafeteras como maniquís que parecen hacerte guiños para que te las lleves a casa... y sí, yo me las llevaría todas, las instalaría en mi cocina, en mi salón, en el baño, tan elegantes... Esas personas tan atentas que te dan la bienvenida, que te atienden con una sonrisa, que te encasquetan la última edición limitada porque eres incapaz de decir que no, que te preguntan si pueden resolverte alguna duda sobre tu cafetera, si necesitas algo más... Y tú que sí, que si puedes traerte el sillón orejero de tu casa, y tu set de manicura para instalarte allí. ¡Y además te invitan a un café! Es igual que te compres una cafetera industrial o que te gastes tres euros en una cajita de Decaffeinato Intenso, te tratan como si fueras una mega estrella, te dan las gracias, te llevan la bolsa con tu compra a la zona de café, y allí te sientan con señoras que no conoces pero es igual porque recordemos que nada malo puede pasarte allí. Y te tomas el café y tienes esa sensación de que allí sabe mejor que en tu casa, y es porque todo es mejor en una tienda Nespresso.
Y por si fuera poco puedes convertir las capsulas usadas en un must have de la bisutería fina, pendientes, anillos y collares que combinan con todo por su colorido y versatilidad.

Todo son ventajas.

lunes, 29 de agosto de 2011

Mi Paraíso Azul




Hay un lugar en la Costa Brava, entre Blanes y Cadaqués, como decía aquel... es un lugar de difícil acceso, vengas de donde vengas tienes que sortear curvas y pendientes, hay a quien el camino se le hace largo y pesado, hay quien se marea antes de llegar... no sé si es esta dificultad para acceder donde reside su encanto, o si es su playa, o su castillo, que no es castillo, sino muralla, o su faro, o si es la huella imborrable que Ava Gardner dejó en los años cincuenta. El caso es que yo llegué con mi coche cargado con una maleta para seis meses, la cabeza llena de dudas, y un mapa desplegado en el asiento del copiloto, y fui a parar al mejor lugar que una chica de 22 años podría elegir. Pasé el verano de mi vida, y me quedé. Aquel año de hace diez los planetas se alinearon para que me enamorara de Tossa de Mar para siempre. Siempre que puedo me escapo a sus playas o a sus restaurantes, a sus gentes. En verano me paseo entre la masa de turistas llena de ese sensación de pertenencia, ese extraño orgullo que te invade al pensar que ellos están de paso y a ti ese trocito de tierra te pertenece sólo por el hecho de haber vivido allí una de las mejores épocas de tu vida. Y en invierno camino por sus calles solitarias, oyendo el eco de mis pasos, contemplando las tiendas cerradas que esperan que llegue el buen tiempo, y no siento que ese lugar es un poco mío, sino que yo soy un poco suya.
Para mí, igual que para Chagall, és mi Paraíso azul.

miércoles, 24 de agosto de 2011

La redes sociales y mis amigas del instituto

¿Que los jóvenes estamos (me incluyo en el concepto jóvenes, con vuestro permiso) enganchados a las redes sociales? ¡Pues a lo mejor! Pero puntualizo: no es sólo cosa de jóvenes: el otro día mi madre se enteró de que su amiga llamemosla Ana (es que se llama así) se ha separado, porque ¡cambió su estado de casada a separada en facebook!

Sí, yo estoy enganchada a las redes sociales porque me dan muchas cosas buenas.

Por ejemplo, he recuperado a mis amigas del instituto. El tiempo y la distancia hizo que les perdiera la pista pero gracias a facebook estoy conectada a ellas. Me emociono cuando María cuelga una foto de Paula, o cuando Vanesa cuenta sus historias (son todas verdad? las mejores te las cuenta en persona...!) o te pone una canción siempre acertada! o cuando Marta comparte sus obsesiones diarias...Y todo esto lo vivo a 800 kilómetros de distancia, pero me entero de todo, hay veces que no sé si las historias las he escuchado en persona o por internet, pero es igual porque cuando voy y las veo estoy al día! como si no me hubiera ido..

Es verdad que no es lo mismo que poder estar ahí, escuchar sus risas y el acento cántabro que yo ya he perdido o darnos esos abrazos que le gustan a Vanesa, de esos de corazón, pero yo ya me conformo.

Sí, las redes sociales tienen cosas muy muy buenas....

¡Un besito chicas!

lunes, 10 de enero de 2011

Elvira

Yo adoraba a mi bisabuela Elvira, la recuerdo siempre igual, por ella no pasaron los años, para mí siempre fue una abuelita de cabellos blancos, ojos brillantes y la cara arrugada de tanto reír.
Era feliz haciendfo feliz a los suyos, lo que más le gustaba era sentarse a la mesa, comer, charlar y pasar las horas haciéndonos reír, tomando una copita de pacharán. En las sobremesas con mi bisabuela siempre recuerdo una botella de Zoco.
Yo la obligaba a sentarse a mi lado en la mesa del comedor a pintar con ceras de colores. Pintábamos durante horas hasta que a ella se le hacía un surco en el dedo de agarrar tan fuerte la pintura. Al color rojo le llamaba encarnado, y yo me partía de risa.
Por las noches se sentaba en mi cama y me leía un cuento. "Bisa, así la llamaba yo, aunque entonces pensaba que se escribía con V, como las tarjetas de crédito, cuéntame otra vez la historia de ayer". Ella cogía el cuento, se acomodaba junto a mí y me contaba una historia totalmente diferente que la de la noche anterior, disparatada y sin sentido. Yo me quejaba: "bisa, ése no es el cuento de ayer", y ella se reía, con la cabeza hacia atrás, enseñando sus pequeños dientes y achinando los ojillos. Tardé años en descubrir que mi bisabuela nunca aprendió a leer, que cada vez que abría un cuento se le presentaba ante sus ojos un galimatías de hormiguitas negras imposible de descifrar. Pero ella lo convertía en increíbles historias para dormir, siempre distintas.
Es lo más parecido a un ángel que conozco. Al final de sus días le crecieron un par de alas y se fue directa al cielo. Allá debe estar hoy, celebrando su cumpleaños, disfrutando de una eterna sobremesa y pintando el cielo de atardeceres encarnados.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Le aburría soberanamente la vida en los bosques de su país del norte, la lluvia eterna y dedicarse día y noche a hacer el bien, a danzar descalza con sus hermanas anjanas y a tejer constantemente guirnaldas de flores... Quiso ver el mundo y se enganchó a una ráfaga de viento que la llevó lejos, hacia el este, a un paisaje de pinos, de costas escarpadas y un mar furioso a ratos, pero amable casi siempre.

Conoció a un ser humano de ojos de un azul para perderse...Y la anjana se perdió, se perdió en sus ojos, pero también en su risa siempre a punto, en sus manos llenas de buenas intenciones, en su cuerpo caliente en mañanas frías, se perdió con él por rutas imaginarias de carreteras polvorientas, en coches clásicos que nunca tuvieron, navegaron por mares lejanos y llegaron a islas donde sólo ellos existían y él le fabricaba zapatos con cocos para que no le quedaran los pies fríos en las noches infinitas, habitaron cabañas junto al mar donde pasaban las horas enredados el uno en el otro.

Pero la gravedad con su feroz afán por poner las cosas en su sitio, llevó a la tierra su mundo de algodón tejido en una nube. Su amor hecho de roca se volvió de cristal y comprendieron que no resisistiría a los golpes de la rutina y las obligaciones diarias.

La anjana voló empujada por un suspiro de él, y volvió a su país del norte, donde sus hermanas la recibieron como si nunca se hubiera marchado.

sábado, 18 de septiembre de 2010

Ayer me pasó una cosa realmente curiosa, entré en la mercería de mi pueblo para comprar unas medias. Una señora de unos ochenta años le explicaba su vida al dependiente, que vamos a llamar señor Tomás, después de haberse gastado un euro y medio en hilo negro. Mientras tanto, como ni la conversación de la señora ni la paciencia del señor Tomás parecían tener fin me dediqué a observar con detenimiento las estanterías abarrotadas que había detrás del mostrador. En esa tienda conjuntos de ropa interior atrevida conviven con batas de guata de colores imposibles, minitangas brasileños comparten sitio con maxibragas color carne, aquí hay de todo para todas…. Batas escolares, orinales, pequeños zapatitos, hilos de todos los colores, lazos, diademas, alfileres, agujas, imperdibles que corren el peligro de dejar de serlo entre aquel mar de cachivaches… Y de pronto allí estaba: un rollo de cinta roja y amarilla, un rollo de cinta de la que corta el señor Montilla en actos oficiales, un rollo interminable de “senyera”. Pero….¿qué le pasa? ¿qué son esos flecos en el extremo de la cinta? Lo que ocurría es que la cinta había sido recortada siguiendo un siniestro plan, como supe después. flecos de color amarillo colgaban al final de la cinta.

No podía dejar de pensar qué habría pasado.

Escuché despedidas y vi cómo la señora del hilo negro y la conversación interminable salía por la puerta, era mi turno. No pude evitarlo, sospechaba que tras la cinta se escondía una buena historia y pregunté : “¿Puede darme metro y medio de cinta de bandera catalana?” ¡Bien jugado! Al ponerme la cinta delante no tuvo más remedio que explicarme el por qué de la escabechina.

Julio de 2010, Sudáfrica: España gana la final del Mundial de Fútbol, haciendo historia. Muy lejos de aquel país el señor Tomás se sorprende ante la gran demanda de cintas de la bandera española, y durante toda una noche sopesa si debería hacer un pedido de cinta rojigualda: si pide todo un rollo le quedará entero sin vender cuando la pasión roja mengüe y además, su proveedor, un catalanista de los pies a la cabeza no tendrá el género en cuestión ni entenderá la demanda del tendero que también cojea del pie independentista izquierdo…

Pero la pela es la pela, y él es muy capaz de ver dónde está el negocio.

Y el negocio y la solución la encuentra en la “senyera”, por qué no? La bandera catalana tiene los mismos colores que la española, eso es evidente…. Así que cuando por la mañana entra el primer chaval a pedirle una bandera española que engancharse a la camiseta, nuestro protagonista tira de senyera y con sumo cuidado recorta, rojo-amarillo-rojo, y pasándose por el arco de triunfo el artículo 4 de la constitución española que habla de la bandera diciendo que ésta está formada por tres franjas horizontales, roja, amarilla y roja, siendo la amarilla de doble anchura que cada una de las rojas, el avispado empresario se saca de la manga una bandera española; el niño se va contento (porque no se ha leído la constitución) y el señor Tomás ha cerrado una venta (y las que están por venir) sin tener que hacer un incómodo pedido españolista a su proveedor. Todos ganan. Menos la pobre senyera que después de parir varias banderas españolas queda exhausta y convertida en un amasijo de flecos sobrantes amarillos.

Y ésta es la historia de cómo de la senyera nacieron varias banderas españolas. No me atrevo a analizar la metáfora, pero sí a constatar que la historia es muy catalana, a pesar del atentado contra el catalanismo que se pueda desprender del acto de nuestro protagonista, la buena vista para el negocio de los pequeños comerciantes es tan o más catalanista que la propia bandera.

sábado, 5 de junio de 2010

conexiones

Qué buena esa sensación de conectar con alguien, cuando encuentras una persona con la que puedes compartir todo, risas, cafés, buenos ratos, confesiones, más risas, lágrimas (también, por qué no).

Una entrada breve después de mucho tiempo sin escribir...sólo quería gritarle al mundo que estoy contenta!!!!
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